Tictac El correr de las horas ya no tiene mucho sentido. El ayer y el hoy se confunden en mi cabeza como la espinaca y la acelga que nunca logro diferenciar. Tictac. Las manecillas del reloj siguen girando mientras recuerdo las últimas acciones de supuesta libertad que pude disfrutar: Ese instante en el aeropuerto riéndonos de les que usaban barbijo, irreverentes a lo que pasaba en un país tan lejos. El abrazo de gol con mi viejo cuando les ganamos con nueve, en nuestra cancha, con nuestra gente. Las risas con mi vieja tomando mates y planeando mi mudanza. La juntada en casa con mis amigas, que se extendió noche y día, un poco presintiendo lo que se venía. Tictac. La cotidianidad está suspendida. El tiempo transcurre sin contenido. Una hora vale igual si la paso pintando, cocinando o mirando un punto fijo en la pared. A esa hora le sigue otra hora, igual que la anterior. No es que eso haya cambiado, entiendo el paso del tiempo, pero jamás me resultó tan insípido y fugaz. Tictac No tengo conclusión esperanzadora. Sólo veo caer el sol y me pregunto cuándo lo viviré en un lugar que no sea este patio. Y si alguna vez volveré a esa montaña cubana que me regaló miles de colores.
